
El pecho me aprieta, es como si me lo estuvieran aplastando, tengo rabia mucha rabia y si vuelvo pensar en que puede pasar lo peor no podré evitar llorar.
Es extraño, hace mucho que no me sentía tan mal por el sufrimiento de alguien; la verdad es que tengo un pánico, un miedo horrible.
No quiero que se vaya.
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